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Callejón de los Sones: Lela Soto, los sones nuevos de un flamenco

Juan Villagrán / Foto: Canal Sur Media

Hoy me quedo con esta figura joven dentro del flamenco joven y nuevo. Quiero emborrachar este mostrador de sentimiento a golpe de "quejíos" y que se estrelle en lo puro y lo auténtico;quiero que esa borrachera sublime, brote y rebrote, y que se esparza a borbotones por esos muchos tablaos, para cuando la voz de candelabro y espada, de esta joven promesa, madrileña -con esencia jerezana-, racial como ella sola,de una estirpe de sarmientos morenos y encajes de filigranas (los Sordera, los Heredia), los atardeceres se revistan de bermellones y azules nuevos.

Eso es lo que quiero hoy. Cales blancas y ramas de olivos. Tempestad y soberanía en el decir de un cante. Torre y Santiago. Barrio de barrio y de barrio...juncal y gallardo, con plenitud de torería. Barrio que se suelta el pelo y que revienta en alegría entre toques de campanas. ¡Y que no me digan que no! 

Ni una queja, ni un suspiro, todo es sentimiento en su voz. Todo es coraje... Coraje de vivir. Coraje de sentir y en sus latidos, formas cinceladas de escalofríos. Es lo que ha vivido y, se confunden esos sentimientos que la transportan a lo esencial y a lo sublime. Golpe a golpe. Y golpe es cuando en ese mostrador, entre borrachera de arte y con profundidad, se manifiesta para verse sujeto en colores celestiales, con esa voz de saber y sentimiento, que apuñala y que hiere. Torbellino de colores (canción de la gran Lola, que en versión suya y a pesar de esa juventud que tiene y de la cual puede "ronear"), "El torbellino de Colores", que ella hace, lo deja enredar en arte, lo contornea y brota por praderas de la pureza canastera, con voz hiriente y joven que recorre esos caminos del compás y del buen estilo.

La savia de una juventud que a pleno día se entrega a los brazos de lo infinito. ¡Salpicones de cales blanca que se abrazan a lo esencial! Dulce encuentro entre callejuelas dormidas y en los chaflanes de plazoletas en vilo. El acorde de una guitarra. Un soniquete y la manera de un decir. Esa luz encendida. Ese balcón abierto y esa noche desnuda. Una luna que abre puertas. Un replante que se despeina a unos vientos sin rizos y de levante. Y su voz suena y que te suena... Haciéndose desparpajo la verdad.

Dulce el aire y bueno para el paladar. Camino...Vereda...Verde la senda de una sensación placentera ante una ventana abierta. Y esa voz. Y ese cante. Ese estilo... Esa noche "engarrotá" bajo un cielo celeste. Y ese dime. Y ese pellizco. Y esa mirada. Calentón de calentones con los cristales en la espalda, recibiendo un vino que te riega la garganta. Ese cante de buen temple dejando atrás las musarañas, porque a los aires camina una voz joven y con duquelas para soñarla.Y ese toma y ese "arza", fantasía de colores, para soñar madrugadas. El azul de los aires del sur, sobresaltados se unen para dormirse en los flecos de la savia, que es sabia fresca y nueva. Fresca y conciliadora, fresca y nueva como cementera.Torrente de voz sin salir al más afuera. 

La voz de Lela Soto, bella de matices y fragancias siempre clara, siempre fresca. Ella... joven, una de esas voces de una joven cantera que te llega y que reclama. Poderío, bienestar, dentro del nuevo flamenco para patear el mundo dejando la tierra abonada. 

¡Anda, que no!

Perteneciente la niña a una dinastía con bandera.

Una estampa morena, ¡si señor!

Junco y trigo. Surco y tierra. Lluvia y viento. Una lunita de plata que brilla al pasar con su mirada. Candela encendida para el fuego de una fragua. LELA SOTO...realidad de poderío, una voz que canta.