martes, 16 de julio de 2019

Nacional: El Prado recibe una maravillosa donación de Hans Rudolf Gerstenmaier


Museo del Prado

Tras la aprobación del Real Decreto de 17 de marzo de 1995, se adscribieron al Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía las obras de algunos artistas que, pese a ser sus fechas de nacimiento anteriores a la de Picasso –el límite establecido para separar las colecciones–, habían contribuido de forma destacada a los inicios de la modernidad del siglo XX. Como consecuencia de un acuerdo firmado en 2016 entre el Reina Sofía y el Prado, este puede incorporar obras de aquellos artistas que hasta ahora estaban afectados por ese Real Decreto. Esto le permite comenzar a mostrar así, con un verdadero sentido histórico, el final de sus colecciones de pintura española, al convivir las obras de Ignacio Zuloaga, Hermen Anglada-Camarasa o Eduardo Chicharro, entre otros, con las de sus estrictos contemporáneos.

La incorporación de artistas como Darío de Regoyos, Ignacio Zuloaga, Hermen Anglada-Camarasa, Eduardo Chicharro, Joaquín Mir y Juan de Echevarría, contemporáneos de Sorolla y Beruete, gracias a la generosa donación de Hans Rudolf Gerstenmaier (Hamburgo, 1934), empresario establecido en España en 1962 y coleccionista a partir de la década siguiente, supone un enriquecimiento de los fondos más modernos del Museo y la apertura de una nueva vía de ampliación de sus colecciones.

La donación
Alrededores de Bruselas de Regoyos, cuadro hasta ahora inédito, es uno de los mejores ejemplos de la primera etapa del artista, el más cosmopolita entre los de su generación. De su madurez, en cambio, El pino de Béjar muestra su pleno dominio de los recursos de la pintura impresionista.

Su amigo Ignacio Zuloaga está presente con Una manola, una interpretación de la sensualidad femenina característicamente española sobre un fondo azul de amplias pinceladas claras, trasunto de su conocimiento de la obra del Greco.

El otro gran renovador que tuvo difusión internacional, Hermen Anglada-Camarasa, aparece con una obra del cambio del siglo, Interior de un café-concert, en la que su dominio del colorido se aplica a una personal visión de la luz artificial.

En el ámbito ya postmodernista el mejor paisajista de su generación, Joaquín Mir, está representado con una obra de su periodo en el Mollet, de ejecución franca y directa, Torre Solà. Montornès. 

Bayaderas indias, de Eduardo Chicharro, muestra su particular deriva en la década de 1920 hacia el ámbito de una pintura de sugestión exótica y sensual. 

Familia gitana, Palencia, de Juan de Echevarría, evidencia la fascinación por estos motivos y por la pintura del postimpresionismo, especialmente de Gauguin, de este artista muy vinculado a la Generación del 98 y a Valle-Inclán, a cuya hija Mariquiña retrató. Además de este conjunto, el donante ha querido regalar tres obras importantes de otros pintores ya representados en el Prado: Joaquín Sorolla, Aureliano de Beruete y Agustín de Riancho. De este último el Museo solo conservaba un lienzo del último año de su vida, y ahora se añade un paisaje muy anterior y de mayores dimensiones. De Sorolla, el Prado no contaba con ningún retrato de la década final de su pintura.

El ahora identificado como de Ella J. Seligmann, esposa de un gran marchante establecido en París, es además uno de los más sobrios y elegantes pintados por el artista, con una visión más sintética que en anteriores trabajos. En cuanto a Beruete, a pesar de que el Prado conserva la mayor colección existente del artista, no tenía ningún ejemplo de sus extraordinarios paisajes alpinos, motivo ausente también en la colección del siglo XIX a pesar de la atracción que despertó entre los artistas de aquella centuria.